martes, 7 de junio de 2011

Ascensión al Néouvielle

Este año la nieve parece marcharse a pasos agigantados, y esa última salida con esquís que otros años puede posponerse hasta el mes de Junio, en esta ocasión hay que adelantarla a mediados de mayo.
Aprovecho para conocer una zona desconocida para mi y de paso ascender el último tresmil de la temporada con esquíes.
Llegamos un viernes por la noche, así que descubrí la belleza del lugar a la mañana siguiente mientras junto con Juanra desayunábamos entre marmotas.Habíamos dormido en el refugio que se encuentra junto al Lac d'Aubert , un lugar solo utilizable fuera de la temporada del parque ya que en estas fechas pasa a ser el lugar de alojamiento de los guardas, y únicamente hay habilitada una zona de vivac junto a la presa.
La subida por la ruta normal bordea el lago por su presa y va a buscar un pequeño collado en la arista que baja del  pico Ramoun. Practicamente hasta los 2400 m en que cruzas este paso no encontramos nieve continua, así que los primeros 300m de desnivel tuvimos que portear esquís. Ya en ese momento de la ascensión Juanra se dio cuenta que sus recientemente estrenadas botas habían sido una equivocación y no le permitirían disfrutar de la actividad.
En seguida pusimos esquís y la cosa cambió, el continuo chocar del material contra el todopoderoso granito, se transformó en silencio acompañado del susurro que produce la nieve al fundir bajo las focas.
Algunas coladas en las pendientes más expuestas nos avisan de donde nos encontramos para no perder la atención.
El día es espectacular y el sol ha ido transformando toda la nieve a primavera, lo que seguro será bueno en el descenso.
Bajo la brecha de Chausenque, Juanra no podía más con sus botas y me indicó la ruta final a seguir. Las zetas por la derecha del circo y apurar la nieve hasta la arista final con pequeña trepada en roca.
Las vistas cimeras con ese día  de las de disfrutar. Al asomarme aun me pareció ver como continuaba subiendo Juanra, así que me quedé un rato disfrutando del lugar. Nos encontramos para realizar juntos el último descenso de la temporada, y la verdad es que mereció la pena. La nieve aguantó, y los giros se sucedieron buscando los pequeños recovecos aún vírgenes de la montaña.
La vuelta a la roca y su descenso penoso nos fué poco a poco conectando con la realidad. Juanra maldijo su compra en repetidas ocasiones pero no perdió la ilusión.
Actividad siempre recomendable, pero más si cabe en esta época en la que la tranquilidad y la belleza del lugar se manifiestan al máximo.

2 comentarios:

  1. Buenas Carlos, aun me duelen los pies solo de acordarme y que decir del calor que hacia parecia verano, ahora tu lo has dicho lo importante es hacer las cosas con ilusion, y que no falte, ala pues, nos vemos.

    ResponderEliminar
  2. La ilusión formigalera nos persigue...lo pasé en grande

    ResponderEliminar